Eduardo Mendoza, Premio Cervantes 2016

Cultura 01 de diciembre de 2016 Por
El escritor barcelonés dice en Londres, tras recibir el Premio Cervantes, que el galardón es "un final de trayecto feliz".

eduardo-mendoza-instituto-cervantes-londres-1480534163236 Eduardo Mendoza, en Instituto Cervantes de Londres


Posdata Digital/Argentina

A Eduardo Mendoza le ha pillado caminando por la calle en Londres la llamada del ministro español de Cultura, comunicándole que había ganado el Premio Cervantes. “Lo primero que pensé fue: ¡Madre mía!, ¡Qué apuro! ¡Y no está Carmen Balcells!”. El primer recuerdo fue para su amiga y agente literaria, ya fallecida. El escritor empezó a recibir a partir de ese momento tantas llamadas que decidió desconectar el móvil y marcharse a comer. Señor de Barcelona, recién investido caballero cervantino y ahora confortablemente asentado en un Londres que cuadra tanto con su ironía reposada de 'gentleman', reapareció por la tarde en la sede recién estrenada del Instituto Cervantes, sonriente, de corbata y chaqueta y asumiendo el galardón “a modo de conclusión”. Como "un final de trayecto feliz", que no implica que no vaya a seguir escribiendo y por supuesto es mucho mejor que "una despedida dramática".

El premio, por su importancia y por el momento en que se lo han otorgado, según el escritor catalán (Barcelona, 1943) “cierra un poco el círculo” que empezó con 'La verdad sobre el caso Savolta' en 1975, cuando siendo un debutante “perfectamente desconocido” recibió el Premio de la Crítica. “Eso hizo que mis principios fueran casi violentos. Mi vi catapultado de la nada, a ser un escritor desconocido del que se esperaban algunas cosas. Desde entonces -ha afirmado- he vivido casi 50 años con la convicción de que todas esas esperanzas iban a quedar frustradas. Ahora este premio me sirve para decir que, bueno, la cosa ha salido, más o menos bien”.

"SE PUEDE ESCRIBIR LITERATURA SIN PERDER LA SONRISA"

El jurado del Cervantes sitúa a Mendoza en “la estela de la tradición cervantina” y él, “sin pedantería”, se reconoce en esa herencia: “Cervantes tuvo una influencia muy grande en mí, como persona y como escritor y las dos cosas son indisociables”. Ha recordado cómo siendo adolescente y estudiante de preuniversitario (la selectividad de su tiempo) tuvo que leer por obligación el 'Quijote' y lo que le pareció en un primer momento un tocho aburrido pronto se trasformó en el gran descubrimiento de que, “se puede escribir literatura sin perder la sonrisa”. En aquella época en que todos querían "ser escritores malditos”, se quedó prendado “con el estilo que caracteriza a Cervantes: su sencillez, elegancia y buen rollo”.

Vía: El Periódico

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