México teme el repunte de la violencia por la disputa entre los cárteles de Sinaloa y Jalisco

Sociedad 19 de agosto de 2016 Por
Otras hipótesis afirman que el secuestro del hijo de El Chapo podría obedecer a las tensiones internas de la organización sinaloense. Como muchas historias del narco mexicano, la relación entre el Cártel de Sinaloa y sus hoy enemigos de Jalisco pasa por amistad, traición y muerte

1471543569_314947_1471543774_noticia_normal_recorte1Policías vigilan las carreteras de Nayarit. EFE


Posdata Digital/Argentina

El secuestro en un restaurante de Puerto Vallarta de Jesús Alfredo Guzmán, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán, capo del Cártel de Sinaloa, y otras cinco personas ha hecho saltar las alarmas en varios Estados de la costa del Pacífico mexicano. Los gobernadores de Sinaloa, Nayarit y Jalisco se han mostrado preocupados ante un posible recrudecimiento de la violencia por las disputas entre los sinaloenses y sus rivales del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Los expertos en seguridad, sin embargo, no descartan que el rapto sea producto de las tensiones que se viven al interior de la estructura criminal encabezada por El Chapo ante su extradición a Estados Unidos.

Como muchas historias del narco mexicano, la relación entre el Cártel de Sinaloa y sus hoy enemigos de Jalisco pasa por amistad, traición y muerte. Nemesio Oseguera, conocido como El Mencho, era el sicario preferido de Orlando El Lobo Nava Valencia, dirigente del Cártel del Milenio, que auxiliaba a los sinaloenses a exportar toneladas de droga hacia Estados Unidos. El Mencho traicionó a su jefe y creó su propia estructura criminal. Fijando Jalisco (oeste) como centro de operaciones, formó varias células y las puso a las órdenes de El Chapo y su socio Ismael El Mayo Zambada.

La agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) afirma que en 2010 estos cárteles dejaron de trabajar juntos. Desde entonces, el CING se convirtió en la organización criminal “de mayor crecimiento en México”. Partiendo de su bastión, conquistaron Estados vecinos como Nayarit, Michoacán, Colima y Guerrero. En un informe de inteligencia de 2015, la DEA señala que los hombres de El Mencho también expandieron sus operaciones a Guanajuato, San Luis Potosí, en el centro del país, además de costas de Oaxaca y Chiapas, al sur de México, y Veracruz, al este.

La disputa entre estas bandas puede observarse en Colima, de 650.000 habitantes. Los criminales iniciaron en septiembre de 2015 una guerra por controlar la región y con ella el puerto de Manzanillo, fundamental para la importación de precursores químicos provenientes de China e India. Los asesinatos en ese Estado crecieron un 338% el año pasado, alcanzando una tasa de 31 homicidios por cada 100.000 habitantes, superior a la de Brasil o Colombia. La tendencia se ha agudizado en 2016, pues en el primer semestre ya se han superado los 189 asesinatos de todo el año pasado.

La inminente extradición de El Chapo a Estados Unidos ha creado divisiones en la cúpula. “Hay intereses que se sienten amenazados”, señala Guerrero. Las negociaciones del capo con autoridades estadounidenses para lograr mejores tratos en prisión a cambio de información, o con el Gobierno mexicano para aplazar su envío a Estados Unidos, pueden haber puesto en guardia a sus socios. Esta no sería la primera vez que El Mayo se enfrenta a los hijos de El Chapo. En 2014, el estilo de liderazgo de los jóvenes herederos chocó con las formas tradicionales y de bajo perfil de Zambada , que lleva medio siglo viviendo a salto de mata sin haber pisado una prisión.

Vía: El País

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