Mal Evans: La triste y desgraciada historia del “cadete” de Los Beatles

Música 01 de julio de 2018 Por
Mal Evans estuvo tan pegado a Los Beatles que también podríamos caer en la ineludible tentación de considerarlo como el “quinto beatle”
 de The Beatles, Mal Evans
Su "querida" presencia. Desde los primeros días de The Beatles, Mal Evans fue parte del paisaje del cuarteto, en su rol de asistente, plomo, guardaesp

Posdata Digital| Argentina

Su “querida” presencia. Desde los primeros días de The Beatles, Mal Evans fue parte del paisaje del cuarteto, en su rol de asistente, plomo, guardaespaldas, chofer o lo que fuera necesario.

Mal Evans estuvo tan pegado a Los Beatles que también podríamos caer en la ineludible tentación de candidatearlo “quinto beatle”, situación que ha sido jerárquicamente ocupada por el productor estrella George Martin, el manager Brian Epstein y el casi beatle Stu Sutcliffe, fallecido antes que el grupo grabara su primer álbum. Tratándose de Evans hasta resultaría noblemente injusto no adjudicarle el “quinto” escalón cuando en más de una oportunidad él, solito y su alma, fue al frente en calidad de patova oficial despejando de fotógrafos y fans el largo y sinuoso camino de Los Beatles.

Medía casi dos metros. Le decían “Mal” pero se llamaba Malcolm y era más bueno que Lassie. Durante toda la carrera de Los Beatles, Malcolm Evans, nacido en 1935, también inglés de Liverpool, cinco años mayor que Lennon, estuvo ropa a ropa junto a la mejor banda de la historia. Y lo estuvo siendo una especie de che pibe multitasking. Lástima que el bueno de Evans no haya vivido lo suficiente como para poder contarlo. Hizo de custodio, de chofer, de montajista de escenario, de percusionista ocasional, de amigo del campeón. Pero primero fue público en el mítico The Cavern. Los Beatles tocaban al mediodía y Evans aprovechaba la hora de almorzar que tenía en el Correo para apurar un emparedado de pastrami mientras escuchaba a Los Beatles seminales, con Pete Best aporreando la batería.

Era tan alto que podría decirse que la curiosidad era recíproca: él veía a Los Beatles y Los Beatles lo veían a él. Parece que George fue el primero en acercarse y sugerirle un propósito acorde a semejante tamaño. George pensaba igual que Ray McFall, gerente del legendario pub, quien le ganó de mano y puso a Mal, con uniforme negro, parado en la puerta de un local que estaba llevando cada vez más público. Lo apodaron “Gentle Giant”, gigante amable, o “Big Mal”.

Bka5-hQG7_720x0__1Devoción y lealtad. "Evans era de esos tipos a los que se le decía: 'Andá de una corridita a comprarme unos calcetines'

Su carrera de titán había empezado.

Evans duró un suspiro como portero de boliche. Paul, que siempre veía un poco más allá, pensó en el grandote como debe haber pensado que esa cosita loca llamada éxito estaba ahí nomás, a la vuelta de la esquina. En los días de The Cavern, el chiste interno consistía en que Mal pusiera cara de malo. Al margen de esa fachada intimidante, Evans era de esos tipos a los que se le decía: “Andá de una corridita a comprame unos calcetines.” Lennon le había sacado la ficha enseguida y supo exprimir esa mezcla de devoción y lealtad. La cosa es que Mal Evans recibió una oferta imposible de rechazar y después del correo y su breve paso por la portería del célebre pub, largó todo y se fue a trabajar con Los Beatles.

SkY9XnXG7_720x0__1La herramienta ideal para controlar los excesos de beatlemanía. Sus intimidante contextura garantizaba la "seguridad" de sus empleadores

Si junto a Paul trabó una de esas buenas y asimétricas relaciones parecidas a las de El Zorro con Bernardo, John Lennon directamente lo boludeaba. La historia de desencuentros entre Lennon y MCartney probablemente haya empezado por el trato que cada uno de ellos le dispensaba al cadete de Los Beatles. Para esta hipótesis de conflicto habrá que comprender que casi todos Los Beatles venían de hogares humildes, y que una de las piedras angulares del poder es el resentimiento. Lennon lo mandaba a comprar cigarrillos y Paul, futuro Sir Paul, se lo llevaba de paseo a lugares exóticos.

Paul, además, sería el beatle más acosado por les fans ensordecedoras. En otras palabras, Evans era más de Paul que de John. Empezó como chofer. Luego fue “ascendiendo”. Lo han llegado a usar de mostrador ambulante porque sus sacos extra large tenían bolsillos que servían como apoyavasos. Una década casi al lado de Los Beatles. Al final del día, Mal volvía a casa y hacía anotaciones en un diario íntimo donde también pegaba fotos de la convivencia. Nada o muy poco se conoce de “el archivo de Mal Evans”. Por alguna razón, el material se dio por perdido cuando Evans murió a manos de la Policía.

rk6Fznmf7_720x0__1De la mano de Paul, Evans conoció los lugares más exóticos, entre ellos, Tokio, en 1966

Estuvo casado con Lily, que si lo quiso, lo quiso “beatle”. Mal recogía la onda expansiva de la beatlemania. ”Si mi marido hubiera permanecido en su puesto de trabajo de la oficina postal, me habría cuidado mejor”, diría ella años más tarde, cuando la relación se había roto en mil pedazos.

Cuando Brian Epstein -otros de sus jefes- empezó a tener problemas psicológicos que derivaron en un posterior suicidio, tenía 32 años y se estaba cumpliendo un año exacto de que LosFab Four habían dejado de tocar en vivo para siempre. Mal le habría arrancado a Paul la promesa de un mayor protagonismo. La trágica muerte del manager, sumado al posgrado que Evans hizo en buena voluntad, lo postulaban como la persona indicada para ocupar el lugar de Epstein. Nada es tan elocuente como se desliza, pero ya sin giras, Los Beatles se convertían en un grupo exclusivamente de estudio y había que ser muy emprendedor para reinventarse y tener sentido dentro de una estructura que, sin aviones, hoteles ni giras, estaba realmente acotada. Entonces, sin fans a la vista, ¿qué sentido tenía el Mal Evans guardaespaldas? ¿O qué necesidad de un Evans ocupado en el armado de escenarios que nunca más se pisarían?

SkF6f27Mm_720x0__1Si había que armar la batería, si había que acercar unas letras, si había no importara qué, Mal era materia dispuesta y disponible.

Hasta allí, el grupo llegaba a un lugar determinado y Mal, siempre listo, le armaba la batería a Ringo y organizaba a los plomos para las tareas logísticas. Además, George Harrison le confiaba el traslado de su amplificador VOX AC 100. Hay anécdotas de una gira por País que incluyen el capítulo de Evans estrellando su puño derecho contra un par de paparazzi demasiado cargosos.

Cuando Evans murió, George lo recordó como una de esas personas que “amaba lo que estaba haciendo”, y que no tenía “ningún problema con las tareas y el servicio”. George, el más espiritual de los cuatro, se refirió a él piadosamente: “Todos sirven a alguien de una forma u otra, pero a ciertas personas no les gusta la idea. No era el caso de Mal, quien nunca tuvo problema con eso. Era muy humilde pero no sin dignidad. No menospreciábamos que hiciera lo que nosotros quisiéramos. Para el grupo fue perfecto porque era eso lo que necesitábamos”.


Evans fue el primero de la comitiva que desembarcó en la aventura de Los Beatles por la India. El primero en llegar y el último en irse. Según algunas crónicas, se lo notaba muy a gusto con la estadía, cosa que dejó asentado en su diario: “Cuesta creer que ya llevemos una semana aquí. Se diría que la paz de espíritu que uno adquiere a través de la meditación hace que el tiempo pase volando”.

Paul lo hizo participar en la grabación de algunos temas, como Yellow Submarine. En You Won’t See Me, del disco Rubber Soul, Evans toca el órgano Hammond y aparece en los créditos por sostener la nota “La” durante el final de la canción. En El martillo de plata de Maxwell es el que le da el martillazo al yunque. Evans también será la pandereta en Dear Prudence, y en A Day in The Life tocará un acorde en uno de los cinco pianos que están en la canción. El mismísimo Mal Evans es quien sale del hoyo de nieve en la película Help!

BJaWzn7f7_720x0__1Todo por The Beatles. Entre otras cosas, Mal Evans fue parte del elenco de la película "Help!" y tocó el yunque en "Maxwell's Silver Hammer

Las complicaciones entre los integrantes del grupo se agravaban y la separación ya era un secreto a voces. En ese contexto, Mal Evans pierde protagonismo y se cree que el propio Paul, ocupado en otros menesteres, lo degrada a su condición inicial. En su diario íntimo escribe cuánto le costaba llegar a fin de mes. “Después de tantos años de trabajo sólo tengo 70 libras en el banco”.

Evans murió el 5 de enero de 1976 en medio de un extraño episodio. Bajo los efectos de alguna sustancia, a punto de cumplir los 40, se negó a soltar una escopeta y fue abatido por la Policía. Se publicó lo siguiente: “En su cuarto de un motel ubicado en el número 8122 de la calle West 4th de Los Angeles, Mal Evans, el antiguo amigo y colaborador de Los Beatles, es asesinado por el teniente Charles Higbie de la división de Homicidios y Robos del Departamento de Policía de Los Angeles”.

Venían siendo días complicados. Una nube de tristeza cubría su vida. Mal estaba incontrolable y violento y en la misma noche en que pretendió quitarse la vida, inesperadamente apuntó con el rifle al policía que, alegando defensa propia, le metió cuatro balazos. Estaba recién separado de Lily y trataba de darle forma a un libro llamado “Living With The Beatles Legend”.

BJQTG37fX_720x0__1Mal Evans era más de Paul que de John". El primero lo "ascendió"; el segundo le sacó la ficha y lo bardeó. Ninguno de los dos le dio un último adiós

Había colaborado sin suerte con la banda Power Pop Badfinger, oriunda de Gales, y quiso dirigir el álbum de Keith Moon, Two Sides of The Moon, pero lo echaron por la mala calidad de las grabaciones. De Los Beatles se veía con Ringo para ser nada más que una agradable compañía de borracheras. Los oficiales le habían ordenado soltar la escopeta. Evans se negó. Los disparos lo mataron al instante. Harrison le donó 5.000 libras a la viuda y su hijo Gary.

Un maletín de Evans con fotos no publicadas y textos donde él reproducía diálogos con Los Beatles se perdió durante la investigación policial. ¿El famoso diario? Hay dos versiones antagónicas al respecto: que ese material era la madre de todas las biografías de los Beatles y que el supuesto diario, lejos de traer anécdotas sabrosas, no era nada del otro mundo.

“Mal era un gran oso adorable”, dijo Paul enterado de la mala noticia. “Si hubiera estado allí habría podido decir: ‘Mal, no seas tonto’. De hecho, cualquiera de sus amigos podría haberlo convencido sin transpirar una gota. Mal no era ningún loco”.

A su entierro no fueron ni John ni Paul ni George ni Ringo.

Fuente| Diario de cultura