Tradiciones de Navidad: por qué armamos el arbolito el 8 de diciembre

Sociedad 08 de diciembre de 2017 Por
La Navidad es una de las fiestas más populares del mundo, y es una práctica que ya traspasó las barreras de lo religioso y se instaló como un evento que reúne familias alrededor del planeta.
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1 / 3 - las borlas de Navidad, uno de los adornos más populares de los arbolitos del mundo entero (Getty)

Posdata Digital | Argentina

“Cuenta la leyenda”. Aquella frase que denota el principio de la incertidumbre. Las tradiciones nacen de un día para otro, y se transmiten de boca a boca, de padre a hijo, de pueblo a pueblo, hasta que un día se afianzan, se tornan parte de una cultura, de una celebración, de la identidad de una comunidad. A veces su espíritu es tan contagioso que invade regiones enteras y engulle países. Se convierte en una costumbre colectiva que une, que acerca.

La Navidad es una de las fiestas más populares del mundo, y es una práctica que ya traspasó las barreras de lo religioso y se instaló como un evento que reúne familias alrededor del planeta. Un Papá Noel vestido con su típico traje rojo y blanco y sentado en un trono de un shopping, el pan dulce, en los países nórdicos, los villancicos y el muérdago. Pero ningún adorno, ninguna costumbre es tan central como el arbolito de Navidad.

En Argentina, el 8 de diciembre la gran mayoría de las familias de todo el país se despiertan con un claro objetivo en mente. Desentierran de algún rincón sombrío del hogar aquella caja -a veces un poco destruida por los años- llena de polvo que contiene el adorno más importante de la temporada navideña. Resurge el árbol de plástico, a veces blanco, pero en general verde y comienza su armado. Las borlas, las guirnaldas, las lucecitas y esos adornitos tan especiales con significados específicos. Para coronar la obra maestra: la estrella de Belén.

Todo parece comenzar con los celtas, que en esta fecha celebraban el nacimiento de Frey, dios del sol y la fertilidad, adorado y venerado por toda esta cultura el 8 de diciembre de cada año. Con la expansión del cristianismo, esta tradición “pagana” se utilizó para festejar la fecha del nacimiento de Cristo.

El árbol aquí funcionó como una representación del amor de Dios y la vida eterna. La forma triangular simbolizaba a la Santísima Trinidad, y las bolas de colores que se cuelgan en sus ramas conjugan la familiar imagen de la manzana prohibida que desencadenó la expulsión de Adán y Eva del paraíso. Las luces blancas o de colores, un adorno casi indispensable, representan las velas y la unión entre familias.

También se dice que Martín Lutero, uno de los padres de la reforma, fue el artífice de la instauración del árbol de Navidad como tradición. Hacia 1500 buscó reproducir una escena en su vida diaria. Caminaba en un bosque y se asombró por cómo el brillo de las estrellas resplandecía en los árboles. A tal punto fue su fascinación que cortó una de las ramas y la atesoró en su casa.

Pero las teorías no acaban con Lutero. El 8 de diciembre de 1854, el papa Pío IX advirtió que, al momento de nacer la virgen María, fue preservada del pecado original. Por ese motivo, la fecha fue proclamada como el Día de la Virgen Inmaculada Concepción, que coincide con el armado del árbol navideño.

Vía | diariodecultura