“Casablanca” cumple 75 años este domingo

CINE 26 de noviembre Por
Humphrey Bogart e Ingrid Bergman inmortalizados en un clásico que cumple 75 años.
-Humphrey Bogart e Ingrid Bergman-
Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en una de las escenas más famosa de Casablanca

Posdata Digital | Argentina 

En un Hollywood que producía películas a montones, mayormente situadas en las trincheras y con elencos mayormente masculinos, “Casablanca” trataba el hecho bélico de manera tangencial e incorporaba una pareja que se haría inmortal por su enorme química -Humphrey Bogart e Ingrid Bergman-, un modelo para las parejas de enamorados cuyas historias guardan un costado angustioso.

La acción se desarrolla en la ciudad atlántica de Casablanca, Marruecos, primorosamente reproducida en los estudios de Burbank, California, que ubica ese enclave ultramarino francés bajo el poder de los ocupantes de Vichy, mientras el elusivo dueño de un club nocturno -Rick Blaine, o sea Bogart- oculta su simpatía por la Resistencia francesa o quizás su participación.

Junto a una fauna de impecables personajes lugareños o forasteros, incluidos espías y oficiales nazis, jugados por enormes secundarios -Peter Lorre, Claude Rains, Paul Heinreid, Conrad Veidt y Sydney Greenstreet, incluida Madeleine Lebeau, quien llegó a actuar en “Fellini 8½”-, el personaje de Bogart pasa sus días en una recia melancolía hasta que aparece su viejo amor Ilsa Lund (Bergman)… ahora casada con un miembro de la Resistencia, Victor Laszlo (Heinred), en misión contra el nazismo. Los sentimientos y el deber entran en conflicto mientras esos nombres de fantasía son de los pocos que vale ser mencionados en el cine. (Otros son Scarlett O’Hara y Rhett Butler, Charles Foster Kane, T.E. Lawrence, Vito Corleone, Tony Manero, Tony Montana, Indiana Jones y pocos más).

Curiosamente el guión se basa en una obra de teatro no estrenada, “Everybody Comes to Rick’s”, de Murray Burnett y Joan Alison, y el asesor literario de los estudios, Stephen Karnot, recomendó sin gran entusiasmo que fuera filmada, pese a lo cual se pagó 20.000 dólares por los derechos, una suma muy alta en aquellos días.

Se afirma que el guión no estaba terminado cuando comenzó la filmación y que los profesionales Julius J. Epstein, Philip G. Epstein y Howard Koch iban escribiendo y retocando lo que el productor Jack L. Warner, en consonancia con el ejecutivo Hal B. Wallis, le iban acercando al director Curtiz y al elenco.

Cuatro años antes, el “enfant terrible” Howard E. Koch había escrito el famoso programa de radio sobre “La guerra de los mundos”, con el que en 1938 Orson Welles aterrorizó a millones de estadounidenses, quienes realmente pensaron que el país estaba siendo atacado por habitantes de Marte.

Según Koch, “Cuando empezamos, no teníamos un guión terminado; Ingrid Bergman se acercó y me dijo: ‘¿A cuál de los dos hombres debería amar más…?’. Yo le dije: ‘No lo sé… a ambos por igual’. Ya ven que no teníamos un final, así que no sabíamos cómo iba a seguir la cosa”.

“Casablanca” parece mejor cada vez que se la ve, como sucede con Gardel cada vez que se lo oye, porque en el espectador se mezclan el placer y la veneración, y porque es una película cuyas frases pasaron a la evocación popular: “El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”, “De todos los cafés del mundo, ¡ella entra al mío!”, “Siempre tendremos París”, “Creo que bajo su apariencia de hombre cínico, es usted un sentimental”, “Este es el comienzo de una hermosa amistad”.

Todas esas frases pueden ser corroboradas por todos los que con el paso de los años descubran o vuelvan a ver “Casablanca”, así como no lo es “Tócala otra vez, Sam”, una que ha cobrado universalidad sin que Rick/Bogart se la haya dicho al pianista Dooley Wilson.



Estrenada en salas de Buenos Aires en diciembre de 1942, ganó los Oscar de 1944 a Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guión y tuvo como nominados a Bogart (actor protagónico), Rains (actor secundario), Arthur Edeson (fotografía en blanco y negro), Owen Marks (montajista) y Max Steiner, el de “Lo que el viento se llevó” (música).

Vía | diariodecultura