La cocina de esas fotos que tenemos en la remera

Entrevistas 24 de marzo de 2017 Por
"John era la libertad", dice el fotógrafo que hizo fotos del Beatle que pasaron a la historia.

HJEmaaase_930x525-728x408 Bob Gruen sacó más de mil fotos a lo largo de 40 años de profesión. Fotos: Diario de Cultura


Posdata Digital | Argentina

Bob Gruen sacó más de mil fotos a lo largo de 40 años de profesión pero ya sabe que va a pasar a la historia por aquella imagen en la que vemos a John Lennon con una remera blanca con la inscripción New York City. No es poco. Como pocos objetos visuales, esa foto está literalmente en todos los rincones del mundo y es la foto más conocida de uno de los hombres más fotografiados del siglo XX. Por la cámara de Gruen pasó todo el circo del rock: los Rolling Stones, Bob Marley, The Clash, Lou Reed, Tina Turner, Sex Pistols, Ramones y la lista es literalmente inabarcable.

Siempre dice que el único que le faltó es Ottis Redding y que él no es un gran fotógrafo en términos técnicos, pero que sabe capturar el alma de las escenas. Ahora llegó a Buenos Aires para presentar una muestra de 73 fotos que está hasta el domingo en el Centro Metropolitano de Diseño (Algarrobo 1041, CABA) y para seguir hablando del suyo, uno de los mejores trabajos del mundo

magnetismo y una fuerza que hace que todo el mundo vaya a Nueva York. Está lleno de gente que hizo cosas increíbles y eso sigue existiendo, solo que en otros barrios. Hace 40 años la ciudad era mucho más peligrosa y a veces está bueno que no te asalten en la calle.

–Hiciste algunas de tus fotos más importantes en el CBGB, Max Kansas City o el Mudd Club, todos lugares que ya no existen. ¿Hay espacios hoy para la contracultura o lo under?

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Sí, hay. Hay pequeños bares donde suceden muchas cosas y en 20 o 30 años los recordarán como los lugares donde sucedían las grandes cosas. Cuando tenés 20 años y vas a un bar y te emborrachás y hablas con la gente no pensás que lo que está sucediendo es histórico. Eso fue el CBGB. Era un lugar de borrachos al que nadie se animaba a entrar. Yo estoy seguro de que hoy están pasando cosas que en 20 años vamos a considerar importantes. La creatividad nunca se detiene.

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–Hay una mitificación de los años 60 y 70, como la última gran época de explosión artística. ¿Cómo te llevás con esa idea?

-Esas grandes cosas –Pattie Smith y Televisión y Los Ramones, por ejemplo– no eran reconocidos en ese lugar en ese momento exacto. Tuvo que pasar mucho tiempo incluso para que se los escuchara fuera de la ciudad. Al mismo tiempo, no puedo negar que hay ciertas épocas en la historia en que hay una gran masa crítica de personas creativas haciendo algo al mismo tiempo. Los años 20 en París, por ejemplo, juntó a gente extraordinaria y eso nunca más volvió a pasar en esa ciudad. Nueva York y el Lower East Side en los 70 tuvieron un momento así.

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–En esa época conociste a Lennon y te convertiste en su fotógrafo personal. Una de las fotos más emblemáticas que le hiciste es aquella en la que está John frente a la Estatua de la Libertad, con los dedos en V. ¿Qué te acordás de esa sesión? ¿Había mucha gente mirando?

-Estábamos prácticamente solos. Hoy tenés que hacer una reserva para ir, pero en esa época te tomabas un barco y comprabas la entrada ahí mismo. Salimos a la una del mediodía. En el barco había algunos estudiantes de secundaria que lo reconocieron y le pidieron autógrafos. John firmó y ya nadie nos habló. La gente cuando llega quiere subir a la estatua y nosotros nos fuimos hacia el frente: casi nadie va al frente, así que estábamos casi solos. Una de las cosas que a él le gustaba de Nueva York es que podés ser el tipo más famoso del mundo y nadie te va a molestar en la calle, porque todos están muy ocupados. Si ves a alguien que se parece a Robert Redford en Saint Louis es alguien muy parecido; si ves a alguien que se le parece en Nueva York, seguro es Robert Redford, pero no vas a dejar que te robe el taxi. Esa tarde nadie se nos acercó. Yo no hice ningún tipo de preparación: fuimos a ver cómo salía. La estatua es altísima y John era un tipo de estatura mediana, así que eso fue difícil: no me podía ir muy para atrás porque es una isla. Pero no saqué más de dos o tres rollos y encontramos la foto justa. Es una de mis fotos preferidas, sobre la libertad personal, y John representa ese ideal de libertad. Tenía también un trasfondo político en la época, porque el gobierno quería expulsarlo. No mucha gente usó la foto en aquella época, porque tenía miedo. Y cuando murió, en los 80, ahí se volvió muy popular. Lo gracioso es que ahora, cuando voy, cada cinco años, veo filas de turistas ahí abajo, donde no había nadie, haciéndose la misma foto.

–Tu foto de Lennon con la remera de Nueva York es sin duda la más emblemática que hiciste. ¿Recordás el momento en que la viste por primera vez en una remera?

-De hecho, sí. Hubo un momento a principio de los 80 en el que Yoko creía que la gente no tenía que tener ídolos y no tenía que entronizar a nadie, entonces charlamos y le pareció que no era bueno hacer esa remera. Pero de pronto la gente empezó a hacer esa remera de modo pirata y de pronto la vi por todos lados. Un día vi a Sean Lennon, el hijo de John y me pareció que ya era el momento de hacer la versión oficial de la remera.

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–¿Te sentiste orgulloso cuando viste a todo el mundo con la remera?

-Bueno, ¡me hubiera gustado recibir cinco centavos por cada una de esas remeras! Pero claro que estoy orgulloso. Es un gran honor.

–Estuviste de gira con Led Zeppelin, los New York Dolls, Green Day. ¿Cómo resumirías la vida de gira?

-Hay de todo. A veces es en una combi, a veces en un micro, a veces en un avión. Hay momentos de mucha excitación y momentos muy aburridos. Las habitaciones de hotel son todas iguales. Los micros tardan una eternidad en llegar a los lugares, y estar todo el día en un micro con cinco tipos no es el mejor plan del mundo. Siempre hay alguien que se siente mal y siempre hay otro que está contando un chiste malo. Eso puede durar meses. Pero al mismo tiempo siempre hay un momento muy excitante en el día. No sé si este es el lugar para contarlo. Sin embargo, quiero decir que yo no recomiendo vivir drogado o borracho. Eso no te hace mejor artista. A mí me funcionó durante un tiempo, pero hay miles de artistas que hacen grandes obras y siempre han estado sobrios. El de la droga es otro mito que quedó instalado. Y muchos amigos de esa época no sobrevivieron.

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–¿Podrías decir que viviste de noche más de la mitad de tu vida?

-Sí, por eso me metí en este trabajo.

–¿Y cómo hacías para sacar fotos y trabajar en medio de grandes fiestas?

-Me las arreglé. Siempre cuidé muy bien mi cámara. Y en casa, hay un baño que funciona como cuarto oscuro. Siempre guardé todo ahí; aunque mi vida fuera un caos, yo sabía que todo lo relacionado con mi trabajo estaba ahí adentro, bajo llave. Muy al principio ideé un sistema de sobres numerados para guardar los negativos que me funcionó muy bien, tanto para no perderlos como para poder encontrarlos con facilidad. El archivo fue creciendo y ahora la mitad de mi departamentos está lleno de esos sobres, pero nunca me mudé, porque ese lugar es el ancla al que vuelvo después de noches salvajes.

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–¿No vas a escribir tus memorias?

-Estoy en eso justamente. Dicen que si viviste esa época y la recordás, es que no la viviste. Pero en eso estoy: tratando de recordar. Hay demasiadas anécdotas y esta vez no armé sobres prolijos con los negativos.

Vía: Clarín