Vivian Maier, la aficionada que dejó a su muerte 150.000 imágenes de una extraña belleza

Cultura 14 de marzo de 2017 Por
La muestra, que puede verse en el espacio expositivo de la Ciudad de Buenos Aires, reúne 55 fotografías tomadas en los años 50 y 60 en Chicago y Nueva York, provenientes de la colección de John Maloof.

Vivian-Maier-Self-Portrait-b Foto: .americansuburbx.com


Posdata Digital |Argentina

Por: Marina Gómez

La Fototeca Latinoamericana (Fola) inaugura mañana a las 19 una exposición sorprendente de la aficionada neoyorquina Vivian Maier (1926-2009), una mujer que trabajó como niñera y que a su muerte, ocurrida en la pobreza, dejó 150.000 fotografías sin revelar de una belleza sorprendente.

En el espacio expositivo de Palermo se reúnen un total de 55 fotografías, tomadas en los años 50 y 60 en Chicago y Nueva York, provenientes de la colección de John Maloof, el joven anticuario que compró, de manera azarosa, un lote que incluía los miles y miles de negativos sin revelar de este talento oculto.

Era el año 2007 y Maloof estaba preparando un libro sobre barrios de Chicago de los años 50, y en la búsqueda de esas imágenes dio, casi de casualidad, con el inmenso, y prácticamente sin revelar, archivo de la mujer sin familia ni descendientes, que cuidaba niños y de quien poco se sabe de su vida, excepto su compulsión a guardar y a fotografiar.

“Era una robadora serial de imágenes urbanas. Nunca imprimió una imagen. Y sacó más de 150.000 fotos, es una bestialidad. Tenía talento pero no veía lo que hacía. Muy al principio reveló algunas fotos, pero el 90 por ciento de su trabajo estaba en 12.000 rollos sin revelar. Siete mil en blanco y negro y 5.000 en color”, cuenta a Télam Gastón Deleau, director del espacio Fola y productor de la muestra titulada “The street photographer”.

Se trata de imágenes urbanas, callejeras, que capturan una época, un momento, un instante. En una de las fotografías, un hombre está bajando un espejo de un camión, y en ese momento exacto Maier aprieta el obturador de su cámara Rolleiflex, que cuelga de su cuello, la muestra reflejada en ese espejo en movimiento, lánguida y sonriente, para demostrar que las selfies tienen más años de los que se sospecha.

La primera parte de la exposición, justamente, reúne una docena de imágenes en las que la compulsiva mujer se fotografió a si misma, reflejada en vidrieras, en el espejo del fondo de un ómnibus, en un puesto callejero expendedor de cigarrillos.

Otro núcleo de la exhibición muestra niños, otra de las obsesiones de Maier: niños jugando en una plaza, un niño llorando, que camina de la mano de su mamá, un grupo de niños haciendo piruetas en el borde del mar, en una playa, dos niñas que se abrazan.

Muchas de las imágenes de Maier, algunas de una belleza admirable -dos ancianos acurrucados en un ómnibus, una carroza que pasa por el Central Park, un hombre de espaldas que esquiva un charco en el piso, en el que se refleja el sol- insinúan que los retratados no tenían idea de que estaban siendo objeto de su mirada.

En algún momento del año 1949, mientras aún vivía en Francia, Maier comenzó a sacar sus primeras fotos con una modesta cámara Kodak Brownie, equipo amateur con una sola velocidad, sin control de foco y sin posibilidad de cambio de diafragma. En 1951, a su regreso a los Estados Unidos, compra una Rolleiflex, pero es a partir de 1956 cuando comienza una etapa de trabajo más consistente y prolífica.

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Foto: amazon.es

Poco se sabe de la vida de la enigmática Maier que murió en la pobreza, en una residencia para indigentes en Chicago, pero algunos pocos datos arma un perfil algo incompleto: cuando iba a la lavandería se inventaba nombres, los chicos que cuidaba fueron entrevistados y dijeron que “era rara” y que no se despegaba de su cámara; tenía una compulsión a guardar cajas con recortes de diarios que estarían vinculados a tragedias y muertes.

El joven John Maloof pasó dos años intentando contactar a Maier -compró sus negativos en 2007 y ella murió en 2009- aunque no lo logró. Desde entonces, se dedicó a organizar su archivo fotográfico y difundir su legado. Además, llevó adelante el documental “Finding Vivian Maier”, película que fue nominada al Oscar en 2014.

“He fotografiado los momentos de vuestra eternidad para que no se perdieran”, escribió alguna vez la enigmática mujer a los niños que cuidó, sin imaginar siquiera que su legado se volvería tan célebre después de su muerte, y cuya obra ha sido comparada con la de maestros como Henri Cartier Bresson y Diane Arbus.

La muestra, con la colaboración y supervisión de John Maloof y Howard Greenberg Gallery en los Estados Unidos, se podrá visitar hasta el 11 de junio, en el espacio de Godoy Cruz 2626 (CABA), de lunes a domingos de 12 a 20 (miércoles cerrado).

Vía: Télam/amazon.es/americansuburbx.com/Gastón Deleau